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El club de los mentirosos

Sería interesante saber la cantidad de veces que mentimos a lo largo del día. Mentimos constantemente. Casi sin darnos cuenta y de manera automática.

En el club de los mentirosos todo el mundo miente por aparentar, menos uno que miente porque tiene algo que ocultar.

Mentimos cuando nos preguntan cómo estamos, y decimos bien aunque no lo estemos. Mentimos por convención social, para no ofender o para no dar explicaciones. Muchas veces mentimos para conseguir algo. Si todos los que, cuando reservan una habitación de hotel, dicen que son claustrofóbicos para conseguir una habitación más grande dijeran la verdad, habría un serio problema de ansiedad en nuestro país. Algunos son también mentirosos compulsivos. Mienten sin darse cuenta y no lo pueden evitar. Y muchos mienten por aparentar, aunque a quien escucha la mentira le importe un bledo lo que aparenta el mentiroso.

Tras la recepción de un hotel uno trata con decenas de personas cada día. Y casi todos mienten, aunque sea un poco. Hay quien hace ver que su trabajo es más importante de lo que es. Hay quien aparenta estar más ocupado de lo que está. Hay quien pretende tener más éxito del que tiene. Y también hay mentirosos adorables que fingen estar de buen humor cuando es evidente que no lo están.

Recuerdo una noche en la que cuatro mentirosos de tomo y lomo desfilaron por la recepción del Hotel Sauce. Sólo uno tenía buenas razones para mentir, y es el único que acabó quedando en evidencia.

El señor Bengoechez es un viejo cliente del hotel. Ocupa un cargo medio en una importante multinacional. Y según me ha contado innumerables veces, la razón de que no ocupe un cargo mejor es que sus superiores lo consideran indispensable en su puesto actual. Aquella noche llegó al hotel más temprano de lo habitual, y con alguna copa más de lo acostumbrado.

-Buenas noches, Señor Bengoechez.

-Buenas ¡Vaya día en la oficina! Menos mal que después de cenar he podido tomar una copa-mintió Bengoechez- en el bar del restaurante. He conocido a un tipo interesantísimo. Creo que voy a cambiar de coche. Pero otro día te cuento, que siempre te estoy dando la tabarra.

-Siempre es un placer- mentí esta vez yo.

Y Bengoechez se fue a dormir.

Unos minutos más tarde llegó la señora Ruiperez. Había llegado esa misma tarde con su marido. Apenas había cruzado alguna palabra con ella. Su esposo hablaba por tres o cuatro personas.

-Buenas noches, Señora Ruiperez ¿Cómo ha ido su primer día en Zaragoza?

-Bien- mintió ella -Una velada deliciosa- Dijo con una mezcla de sarcasmo y resignación.

-¿Fueron al restaurante que les recomendamos?

-Si, si, el restaurante estuvo francamente bien. Pero mi marido decidió tomar una copa en el bar del restaurante con un par de tipos que conoció allí. Cosas de negocios. Y a mi me aburre soberanamente.

-La entiendo.

-Mi marido llegará algo más tarde, supongo.

-No hay problema, estamos 24 horas.

Minutos más tarde Llegó el señor Mendez, otro huésped habitual que nos visita un par de veces al mes por trabajo. El señor Mendez es un tipo con buena planta, don de gentes y aire donjuanesco que gusta de alardear de sus conquistas a quién quiera escucharle. Y cuando no encuentra a quien contarle sus andanzas, me las cuenta a mi. Sin embargo, en los años que lleva visitándonos, jamás le vi volver al hotel acompañado.

Mendez y Bengoechez se conocen, por cierto. A veces hasta desayunan juntos si coinciden en la cafetería.

-Buenas noches, Señor Méndez ¿Cómo va todo?

-Fantástico. Una noche de los más interesante.

-¿Se dio bien la velada?

-No estuvo mal. Tomé un par de copas ahí al lado. Había un tipo muy peculiar tratando de vender coches de lujo, o alquilarlos, o no entendí muy bien.  Por cierto, que Bengoechez parecía muy interesado. El tipo era todo un charlatán, pero su mujer no paraba de insinuárseme ¿Puedes creerlo? con su marido ahí mismo ¡Lo que hay que ver!

Y Mendez se fue dormir.

Un par de horas más tarde llegó radiante a la recepción el señor Fuz, el marido de la señora Ruiperez.

-Buenas noches, Señor Fuz ¿les gustó el restaurante que les recomendamos?

-Ah, si, el restaurante. Muy bien, muy bien. Hasta cerré un par de negocios después. Una noche redonda ¿Volvió ya mi mujer?

-Si, llegó hace un buen rato.

-Sola, espero- dijo guiñándome un ojo.

Ante mi estupefacción se explicó.

-Verá, es que en el bar había un tipo que se puso pesadísimo y mi esposa se agobió, pero no pude acompañarla. Tenía que cerrar esos asuntos.

-Llegó perfectamente.

-¡Esa es mi chica! Por cierto ¿Ha pensado usted en cambiarse coche?

-La verdad es que no. Yo voy en bicicleta.

Y el señor Fuz se fue a su habitación.

No estuve presente durante el desayuno del día siguiente, pero me habría encantado. Sin embargo no fue la última vez que supe del señor Fuz. Unas semanas más tarde su foto apareció en la prensa como responsable de la última estafa piramidal. por lo visto llevaba años engañando a incautos con el negocio de la pluripropiedad de coches de lujo.

Bengoechez y Méndez si que han seguido viniendo por aquí. Ninguno ha mencionado el asunto. Y ambos conducen su viejo coche.

 

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