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El asombroso caso del huésped invisible

Mentiría si dijera que en alguna ocasión tuve la oportunidad de ver al señor Redominguez en persona. A lo sumo pude ver su gabán, su sombrero, sus gafas de sol y sus extraños vendajes. De hecho no fui yo quien le recibí, y la descripción que mi colega del turno de tarde me dio de él fue más que extraña.

-No te vas a creer el tipo tan raro que tenemos alojado esta noche.

-Llevo mucho tiempo en el turno de noche. A estas alturas me lo creo todo- contesté incrédulo.

-No, no. Este es diferente. Tiene la cara llena de vendas, por lo visto ha sufrido un accidente y debe de estar quemado por completo. Va cubierto de arriba abajo.

-¿Tenía reserva? ¿Dejó su documentación? ¿Ha pagado por adelantado?

-Si, si. Todo está en regla. De hecho es bastante simpático. Pero me da mucha grima. No quiero imaginar su aspecto bajo los vendajes.

Mi compañero no fue el único al que el señor Redominguez le causaba cierta aprensión. Nuestro huésped era ciertamente huidizo. Pedía comida para llevar a su habitación, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Lo cierto es que no es un servicio habitual pero era extremadamente educado y dejaba excelentes propinas. Y aunque ninguno lo reconocía abiertamente, todos preferíamos subir la comida antes que verlo comer a través de sus vendajes.

Permaneció con nosotros más de tres semanas. Y en ese periodo apenas abandonó el edificio. O al menos nadie lo vio hacerlo. Tenía curiosas costumbres. Avisaba por teléfono cuándo quería que se limpiara su habitación y nunca estaba presente. Pero rara vez pasaba por la recepción. Las chicas que limpiaban su habitación comenzaron a tener reparos en hacerlo. Algunas afirmaban oír ruidos mientras limpiaban, y otras llegaron a decir que habían sentido una presencia. Una insistió en que alguien estornudó a su lado mientras limpiaba las ventanas. Más de una se quejó del fuerte olor a productos químicos que había en la estancia. Y su voluminoso equipaje despertó más de un recelo entre el personal del hotel.

Durante aquellas semanas el turno de noche fue más inquietante de lo habitual. Después de cierto tiempo en la soledad de la noche en un hotel, uno llega a distinguir prácticamente todos los ruidos que se producen en el edificio. En ocasiones la bomba de agua en el sótano comienza a funcionar, o una cisterna se vacía en el tercer piso. Periódicamente las cámaras se ponen a funcionar en la cocina, y de vez en cuando, la barandilla de metal cruje en medio de la noche. Pero en ocasiones un ruido desconocido me desconcierta. Y no estoy tranquilo hasta descubrir de dónde viene. No me di cuenta hasta tiempo después, pero mientras nuestro enigmático huésped estuvo con nosotros la cantidad de ruidos poco comunes fue enorme.

A veces una puerta que se cierra y nadie baja a recepción unos segundos más tarde. Ligeras pisadas que suelen preceder a una visita nocturna de algún huésped insomne al hall, y que no correspondían a nadie. Incluso juraría haber oído como si las cámaras frigoríficas se abrieran en mitad de la noche cuando no había nadie en la cocina.

Nuestro misterioso huésped se esfumó de manera aún más imprevista de como llegó. Una mañana, y aún cuando tenía varias noches reservadas y pagadas, la camarera que limpiaba su habitación nos dijo que el equipaje había desaparecido. La noche anterior fue cuando oí los extraños ruidos en la puerta de emergencia de su planta. El sistema de vídeo-vigilancia se había estropeado oportunamente justo esa tarde. No hubo manera de ver cómo se marchó con todo su voluminoso equipaje.

Un par de días más tarde un par de agentes de policía, de aspecto extraño y vestidos de paisano vinieron preguntando por él. Pidieron ver las imágenes del sistema de vídeo-vigilancia. Cuando comprobaron que faltaban las de la noche en que se esfumó dijeron: “Será posible, el condenado lo ha vuelto a hacer…”

Pidieron hablar con la persona que estaba en recepción la noche en que se marchó.

-¿Es usted el recepcionista de noche?

-Así es.

-Y , dígame, llegó usted a coincidir con el señor… ¿Cómo dices que se hizo llamar aquí?- Preguntó a su compañero.

-Redominguez, Pascual Redominguez.

-¿Coincidió usted con el señor Redominguez?

-En varias ocasiones.

-¿Estaba usted de turno la noche en que se marchó?

-Si, señor. Escuché ruidos extraños aquella noche.

-¿Y cuándo fue la última vez que lo vio?

-Si le digo la verdad, señor agente, en realidad creo que nunca llegué a verlo.

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