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Recreación histórica de los Sitios de Zaragoza: Entrevista con dos infantes de marina

El humo de disparos de cañones y mosquetones envolvía todavía las calles aledañas al Pilar de Zaragoza en la tarde del sábado cuando Ricardo, nuestro historiador-recepcionista del turno de noche, nos explicaba lo que había pasado: “Estamos en 1808, y las tropas del emperador francés, Napoleón Bonaparte, han librado una batalla esta tarde contra filas militares y voluntarios civiles que defienden Zaragoza y que han conseguido echarlos del Coso. Mañana se librará otra batalla en la Aljafería y serán los franceses los que canten victoria. Aunque no por mucho tiempo…”

Algunos de los soldados se retiraron a dormir al campamento militar de la Plaza de los Sitios. Pero los generales escogen sus batallas, y varios uniformados de los bandos enfrentados españoles y franceses (entre ellos los polacos) decidieron no enfrentarse al cierzo aragonés y refugiarse entre las cálidas sábanas del Hotel Sauce, a tan solo unas decenas de metros de allí. Todavía dejando tras de sí el olor a pólvora por los pasillos del hotel, los infantes de marina españoles Jorge Garbayo (46 años, San Sebastián) e Irene Cortés (32 años, Pamplona), nos contaban los entresijos y curiosidades de la Recreación Histórica de Zaragoza.

“Fue la mentalidad del pueblo, que no cesaba de sublevarse, la que doblegó a Napoleón”

¿Cuál ha sido su misión en las dos batallas que se han librado en esta Recreación Histórica?

JORGE e IRENE: Pertenecemos a infantería marina, que son los que se despliegan y camuflan en el campo de batalla para desestabilizar al enemigo. Bloqueamos los suministros, localizamos y eliminamos a los oficiales enemigos, cortamos la comunicación entre mandos…

¿Qué hace una infantería marina en medio de Zaragoza?

España tenía la mejor infantería marina del mundo, pero en la batalla de Trafalgar perdimos la mayoría de nuestros navíos. Eso provocó que se aprovechasen nuestras capacidades bélicas en otras lides tierra adentro.

¿Cuál es vuestro trabajo cuando no estáis enfrentándoos al ejército de Napoléon?

JORGE: Yo soy ingeniero de cliente en Telefónica desde hace diez años.

IRENE: Yo soy electricista en paro.

¿Cómo os convertisteis en soldados de infantería marina del ejército español del siglo XIX?

IRENE: Mi padre era recreador; a mí me gustó, y ya llevo tres años.

JORGE: Mi cuñado me enganchó y yo ya llevo ocho. Entre nuestras filas tenemos médicos, maestros, ingenieros… Nosotros dos pertenecemos a Blas de Lezo, uno de los grupos bajo el amparo de la Asociación Napoleónica Española que agrupa recreadores de Guipúzcoa y Navarra.

¿Qué hace falta para ser recreador?

JORGE: Estar muy interesado en la historia. La gente a la que simplemente le hace gracia y viene para probar no suele durar mucho porque es una afición muy sacrificada. Nos damos palizas llueva o nieve durante muchos días seguidos enfundados en uniformes incómodos que nos ha costado años confeccionar y completar para hacerlos lo más realistas posible y, cuando terminamos de luchar, aún nos queda un largo rato de limpieza del material y de las armas para que no se nos oxiden.

¿Con qué fin se recrea una guerra?

Hay quien piensa que hacemos apología del belicismo, y es todo lo contrario: yo soy objetor de conciencia. No celebramos victorias ni derrotas sino que mostramos lo que supone una guerra o una batalla para una población, que es la principal víctima. A veces en las recreaciones aparecen también civiles que mueren. Es una lección que no aparece en los libros de texto y que en todo caso conmemora a los verdaderos héroes de las batallas, como los que perdieron pero resistieron lo inimaginable o los que murieron protegiendo a los que se retiraban.

¿Qué papel jugó la población maña en esta batalla?

Su rol fue vital para la guerra. Al conquistar España, Napoleón había enviado a la élite militar española al frente francés en Dinamarca para evitar revueltas en el ejército, pero entonces los civiles comenzaron a alzarse aquí y allá, haciendo la guerra interminable y provocando un desgaste inasumible a las tropas de Napoleón. Muchos se convirtieron en profesionales. Fue esta mentalidad civil, que no existía en otros lugares, la que consiguió doblegar a Napoleón.

Conocemos el importante papel en esta guerra de algunas de las mujeres aragonesas, como Doña Casta o Agustina de Aragón. ¿Se echaron al hombro el fusil y partieron a la guerra más mujeres de las que creemos?

IRENE: La historia la escriben los vencedores, pero también los hombres, así que hay muchas más mujeres luchando en la historia de las que conocemos. Entre los guerrilleros que llegaron a profesionales también había mujeres que lo habían perdido todo y decidieron luchar.

¿Qué tal te han tratado los hombres estos días?

IRENE: Muy bien. Más les vale. Si no, los pongo firmes.

En el campo de batalla se juntaron cerca de 200 soldados españoles y más de 200 soldados del bando francés, integrado por reclutas polacos, franceses y holandeses. ¿Cómo se coordina la puesta en escena de 400 participantes?

Primero recibimos el programa de lo que se va a hacer cada día. Previamente a cada batalla, se celebra una reunión de oficiales que se ponen de acuerdo en lo que sucederá: qué hace cada uno, por dónde hay que entrar, cuánto tiempo tiene que aguantar cada bando, los que van a caer abatidos en cada carga… Nos sirve de base, pero luego, pocas veces se cumple el plan, y acabamos improvisando. Tampoco te puedes venir arriba demasiado porque la cantidad de pólvora que te dan te permite un número determinado de disparos, así que, de una manera o de otra, el final de la batalla siempre es el que tiene que ser.

Han compartido su estancia en el Hotel Sauce con franceses y polacos. ¿Ha ayudado este hecho a enterrar el hacha de guerra con el enemigo y hacer nuevos amigos?

Esta vez hemos tenido un poco de barrera idiomática con los polacos, pero a lo largo del tiempo nos hemos hecho amigos de franceses, ingleses, etc… porque nos vamos encontrando una y otra vez en hoteles de Europa durante las recreaciones.

¿Qué es lo más raro que les ha pasado en un hotel?

Son las demás personas alojadas en el hotel las que suelen tener la sensación de que les pasa algo raro cuando nos ven. Lo más divertido es ver la cara de algún vecino que espera medio dormido el ascensor al punto de la mañana, y al abrirse sus puertas aparecemos nosotros.

¿Un objeto absurdo que no puede faltar en su equipaje?

Lo absurdo es nuestro equipaje en sí. Llevamos por un lado una mochila con un pijama y un cepillo de dientes y, por otro, una furgoneta llena hasta arriba de material para la batalla que exige decenas de viajes desde y hasta el hotel.

¿Qué les ha parecido la organización de la Recreación Histórica de Zaragoza?

Muy buena. Han tenido el acierto –algo que no sucede en otros lugares- de escenificar batallas diferentes: combates urbanos, tomas de fortalezas… Todo el mundo disfruta más, y a nosotros nos permite cambiar el despliegue de estrategias y nuestros roles en la contienda… Además, cada año ganan unos y pierden otros, y eso es mucho más fiel a la realidad.

   

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