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Entrevista con Novecento: el actor Miguel Rellán

El ´Bacterio’, aquel profesor serio y estirado de la serie Compañeros, poco tiene que ver con el actor que lo interpretaba, Miguel Rellán, que se alojó con nosotros varios días recientemente. Galán pero bromista; descarado pero simpático con todos los huéspedes y parroquianos de Mi Habitación Favorita que lo reconocían y querían hacerse fotos con él. Qué más queríamos en la recepción que un huésped con esa buena onda. Rellán repite estancia en el hotel Sauce; esta última vez para descansar después de interpretar a un trompetista que lo ha perdido todo, único personaje de la obra de teatro Novecento. Intentamos que nos contase quién es Novecento, pero él prefirió seguir bromeando y mantener el misterio… ¡Tendremos que ir al teatro a descubrirlo!

 No estás verdaderamente acabado mientras lleves una historia a cuestas y alguien a quien contársela

¿Sabe tocar la trompeta? Se lo pregunto por su personaje en la obra Novecento, (Teatro del Mercado, Zaragoza) es trompetista…

La verdad es que no. A mí me gusta la música y toco el piano, y me compré una trompeta de segunda mano estupenda. Pero descubrí que este instrumento es un invento del demonio. ¡Imposible sacarle un sonido! Después de mucho esfuerzo le saqué un “PPPrrrrrrrr!!!” y después de sentirme orgullosísimo, la metí en un armario.

Suerte que su personaje ha perdido hasta la trompeta.

No cuento exactamente qué me ha pasado, pero me ha ido mal en la vida y he tenido que vender hasta la trompeta. Pero hay una cosa que no he perdido: la historia de Novecento. Como decía un amigo mío, no estás verdaderamente acabado mientras lleves una historia a cuestas y alguien a quien contársela. Yo tengo mi historia, y ustedes que me van a oír porque se la voy a contar. Y así empieza la obra.

En la obra cuenta la historia de su amigo Novecento, ¿nos puede adelantar quién es este misterioso personaje?

Yo pasaba mucho tiempo en los años 30 en un barco tocando la trompeta, cubriendo la ruta de Europa a América y vuelta, cuando de pronto un día apareció en el piano de cola del salón de baile de primera, una caja de cartón con un recién nacido. Era evidente que alguien de tercera clase lo había dejado arriba para ver si se lo quedaba algún rico. Pero no se lo llevó nadie; se lo acabaron quedando los del barco. Y, como si fuera una premonición, sin que nadie supiese ni cuándo ni por qué, el niño aprendió a tocar el piano de una manera absolutamente prodigiosa: se convirtió en el mejor pianista del mundo. Pero nunca bajaba del barco. Quien quisiera oírle, tenía que subir al barco.

¿Llegó a bajarse alguna vez del barco?

No. Un día, con 32 años, me dijo: “En Nueva York, dentro de 3 días, me voy a bajar.” Nos quedamos todos asombrados. Le compramos un abrigo, un sombrero… Llegamos a puerto y bajó un escalón, el segundo, se paró, se quedó pensativo… y se volvió a subir. A mí, que era su amigo, me contó por qué. Pero tú para saberlo tendrás que ir y ver la obra.

Usted es el único actor y su personaje el único de la obra. ¡Una gran responsabilidad!

Sí, ahora me ves tranquilo, pero un rato antes de salir a escena me entra el vértigo y me pongo muy nervioso… Es como pasar las cataratas del Niágara sobre un cable. Durante el mes y medio de ensayos, intentamos incluir objetos como maletas, una trompeta… Pero nos dimos cuenta de que no hacía falta absolutamente nada, porque esa es la esencia de la obra. Un tío que lo ha perdido todo y que lo único que tiene es su historia.

Por otro lado, si se equivoca, usted mismo puede remediarlo y reconducirlo y quizá nadie se da cuenta.

De 35 funciones que he tenido, he salido contento de 2. Porque a lo largo de hora y pico, pueden pasar muchas cosas. Algunas veces noto que se me está yendo la energía, la concentración, y a veces el público colabora a ello con un móvil que suena o el caramelito de la señora de la primera fila, que decide desenvolverlo en el momento más oportuno. Pero cuando se produce el milagro (y eso ha pasado dos veces) y bajan los ángeles, y el público hace de público, y yo estoy inspirado… es espeluznante.

Usted, antes de acabar entre bambalinas, estudió medicina…

Sí, pero no tengo ni puñetera idea. No tengo el título ni hice la tesis. Mi padre era médico y yo le acompañé durante años, así que durante los dos primeros años de carrera yo era el que más sabía. Pero ya en tercero empecé a ponerme al nivel de los demás, porque no estudiaba. Me dedicaba a hacer teatro y a conspirar políticamente. Tardé 9 años en llegar al final. Mi padre me iba diciendo: “¿Por qué no lo dejas ya? Si total, ¡ya estás metido en el teatro!”

Lo hemos presenciado en el hotel y seguramente le seguirá pasando por la calle: Que le reconozcan gracias al Bacterio, el profesor serio y estirado de la serie Compañeros. ¿Qué tal le sienta?

No siempre me reconocen por Compañeros, aunque si lo hacen me parece lo más normal porque fue la serie de la adolescencia de mucha gente. Por aquella época, a veces no podía ni salir a la calle. Una vez en Sevilla era la 1 y pico del mediodía y los chavales de un instituto salían de clase. Me vieron y se formó un follón tremendo. Entonces el señor del bar me dijo: “Salga usted por detrás”, pero como era una zona de colegios, por detrás había otro instituto, así que allá me quedé hasta que vino la policía municipal a sacarme.

¡Pues cómo les iría a los actores que interpretaban a Quimi y a Valle entonces!

Las chicas son mucho peores que los chicos. En la puerta de casa de Valle no había nadie, pero en la de Quimi había chicas apostadas día y noche. ¡Y ahora voy a salir en La Que Se Avecina! A ver qué pasa.

¿Va a interpretar a un político en La Que Se Avecina, como dicen los rumores?

Sí. Es un político que dicen que es del PP. Recalifica a su madre si hace falta y lía a unos chinos para montar ChinaVegas, pero la realidad supera la ficción. Hay grabaciones de políticos por ahí que superan con creces cualquier cosa que nosotros podamos poner en los guiones.

Segunda vez que viene al Hotel Sauce. Lo interpretamos como una señal de que le ha gustado el hotel…

El otro día comentaba con un amigo lo llenos de estupideces que estamos con el tema de las apariencias ¿Cómo un bolso por ser de una determinada marca puede valer 4.000 euros? ¡Aunque tuviese los herrajes de oro! Nosotros, que estamos todo el día para arriba y para abajo, vamos normalmente a hoteles de 4 estrellas. ¿Me quieres contar en qué se diferencia este hotel de uno de 4 estrellas? ¿Es porque no tiene piscina o un spa? Este hotel tiene habitaciones alucinantes, incluso más grandes que los de 4 estrellas en los que he estado. No tiene spa ni falta que le hace. Ofrece todas las comodidades, está en centro, tiene unos pasteles buenísimos, y lo más importante: Vosotros, que sois fantásticos desde todo punto de vista. ¿Por qué no ponéis una cadena? Así, ahora que tengo que irme a Murcia, me iría al Sauce de Murcia.

Hablaremos con Luis para comentarle su propuesta.

¡Pues que lo abra pronto, por favor, que me voy ya para allá!

 

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