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El sabueso de Saucepolis 2ª parte

- ¿Qué sucede, señor Menendez?

- No se van a creer lo que he visto en el pasillo. Es increíble. Además, creía que en este hotel no se aceptaban animales, ¿No es cierto?

- Así es señor Menendez, ¿por qué lo dice?…

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-Hay una bestia enorme en el pasillo de la cuarta plantaLo he visto con mis propios ojos. Tenían que haber oído sus gruñidos, era una cosa espantosa.

Yo no había visto al señor Menendez tan fuera de si en mi vida. Hablaba atropelladamente, y al margen del escaso sentido de sus palabras, había verdadero terror en su mirada.

-Señor Menendez, ¿No habrá usted tenido una pesadilla?- sugerí.

Menendez me asesinó con la mirada.

-Le digo que se muy bien lo que he visto, y oído.

-Vayamos por partes- interrumpió el agente Antunez.

-Cuéntenos exactamente y con todo detalle qué es lo que ha visto y oído usted. No omita ningún detalle, son de vital importancia.

Menendez respiró hondo, nos miró a la señora Ruiperez, al agente Antunez y a mi y se armó de valor.

- Anoche me acosté temprano, como de costumbre. Leí unos minutos, como de costumbre, tomé mi somnifero de todas las noches y me dormí al instante como siempre.

- No hizo nada fuera de lo habitual, deduzco- dijo Antunez.

-Nunca lo hago- respondió Menendez y prosiguió.

-Hace unos diez minutos un golpe seco me despertó. Algo había golpeado mi puerta. Pensé que otro huésped se había confundido de habitación y traté de seguir durmiendo. Pero unos segundos después comencé a oír ese espantoso rugido. Me heló la sangre. Traté de vencer el miedo y asomarme para ver lo que era, pero me costó bastante reunir el valor. Finalmente me acerqué a la puerta. Los rugidos eran más y más fuertes. Sin duda aquello estaba muy cerca de mi puerta. Me di cuenta de que fuera lo que fuera que había en el pasillo había golpeado la puera de mi habitación. No fue un pensamiento agradable.

Abrí una rendija la puerta de mi habitación. El rugido se hizo mas intenso, pero el pasillo estaba a oscuras, no podía distinguir nada. Cuando traté abrir un poco mas, algo hizo tope con la puerta, comprendí que había tocado a aquella bestia. Despavorido salí de la habitación. Afortunadamente el ascensor estaba en mi planta y salté dentro pulsando el botón de planta baja. Mientras se cerraba la puerta lo vi, agazapado junto a mi puerta, de un tamaño descomunal y gruñéndome de un modo pavoroso.

- Muy interesante- dijo Antunez como si el relato fuera la cosa mas normal del mundo.

-¿Está usted seguro de que no tuvo una pesadilla?- insistí.

Por cómo me miró temí que Menendez me pegara directamente.

-¡Dios Santo!- dijo la señora Ruiperez- Hay una bestia inmunda en el hotel y mi marido ha desaparecido. ¡Quién sabe qué ha podido sucederle!

-Sin duda ambos sucesos han de estar relacionados, lo que reduce las posibilidades de hayar el cuerpo del señor Ruiperez- dijo Antunez

La Señora Ruiperez rompió a llorar completamente histérica.

-Estamos sacando las cosas de quicio, no puede haber ninguna bestia en el hotel, es ridículo- traté de poner un poco de cordura, pero la situación era ya ingobernable.

-Propongo que subamos a ver qué hay exáctamente en la cuarta planta. No hay otra forma de acabar con el misterio- dijo el agente Antunez.

-Pues no cuenten conmigo- contestó un aterrorizado Menendez.

La señora Ruiperez tampoco parecía entusiasmada con la idea, pero no dejaba de llorar. Y por mi parte, por ridículo que parezca, el relato de Menendez me había inquietado lo sificiente como para buscar una excusa.

-Suba usted, agente, yo he de permanecer en mi puesto.

-Quizá debería esperar a los refuerzos, quién sabe con lo que podría encontrarme. Tal vez un gigantesco mastín de terribles fauces luminiscentes y garras como…

Los ojos del inspector Antunez estaban vidriosos de excitación, parecía cercano al éxtasis mientras divagaba de un modo alarmante. Pero de repente su cara cambió por completo. Un gesto triste se asomó a su rostro, bajó la mirada, se encogió de hombros y dijo:

-… o tal vez haya otra explicación. Señora Ruiperez, condujo usted desde el salón de banquetes de la boda hasta el hotel, ¿No es cierto?.

-Pues si, ¿Cómo lo supo?

-Por su calzado, es mas apropiado para conducir que para una celebración y no casa con su vestido. Sus zapatos de tacón están sin duda en su bolso. Supongo que su marido bebió alguna copa de más en la cena, por eso trajo usted el coche. Probablemente no es la primera vez, estaba usted preparada.

- ¿Ronca su marido, Señora Ruiperez?

-Como una bestia, pero no veo qué puede tener eso que ver con este asunto.

- Mucho, ahí tiene usted su bestia, señor Menendez. Les contaré lo que realmente sucedió. El Señor y la Señora Ruiperez fueron a una boda. La Señora Menendez, en previsión de que su marido bebiera de más, puso un par de zapatillas en su bolso, para poder conducir tras la cena. Cuando llegaron al hotel el Señor Menendez trataba de disimular su embriaguez. Si no, el recepcionista de noche se habría percatado y lo habría comentado a la policía cuando desapareció. No debe de ser el primer huésped ebrio que se confunde de pasillo. Con la excusa de fumar un pitillo abandonó la habitación para tratar de tomar aire. Pero estaba mas borracho de lo que creía, se confundió de pasillo y fué a parar a la puerta del Señor Menendez.

El Señor Menendez, bajo los efectos del somnífero y temeroso de cualquier cosa que rompiera su rutina, escuchó los tremendos ronquidos, aumentados por el alcohol. Su imaginación y la oscuridad del pasillo crearon el resto.

Menendez, La Señora Ruiperez y yo escuchamos atónitos ante la explicación del extraño policía. Tenía todo el sentido del mundo, de hecho, no podría haber sido de otra forma. Pero no podía hacerme una idea de cómo un tipo tan torpe había desentrañado el misterio tan brillantemente.

En ese momento entró un policía uniformado en el hotel.

-Buenas Noches, han denunciado una desaparición ¿No es cierto? Caramba, Antunez, ¿se puede saber qué hace usted aquí? Ya se ha vuelto a adelantar, no se cómo demonios lo hace.

El nuevo policía arrojó luz sobre la extraña personalidad del inspector Antunez. Había formado parte del cuerpo de policía, pero fue expulsado hace años. La obsesión por las novelas policíacas le había hecho perder el juicio, y había echado a perder a un gran agente. Tras permanecer internado un tiempo, se consideró que ya no era un peligro para nadie y se le dejó en libertad. Desde entonces, no se sabe muy bien cómo, aparece en el escenario de sucesos extraños antes que la policía con sus extrañas teorías.

Antunez dejó el hotel con una reprimenda de su excompañero. El señor Ruiperez fue interrumpido de su plácido sueño junto a la puerta de Menendez. La discusión con su esposa debió de ser monumental. Y el señor Menendez tuvo que duplicar su dosis de somnífero a partir de aquella noche.

 

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