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Comunicando

Suena el teléfono en Saucepolis

-Hotel Sauce, buenas noches.

-Buenas noches, quería hacer una reserva para el lunes que viene.

-Me temo que será imposible- digo mientras compruebo el abarrotado planing.

-¡Qué me dice! ¡Cómo es posible!

-Verá, hay una importante feria en la ciudad y está todo completo desde hace semanas.

-Pues es una lástima, porque, sabe usted, me viene familia de Albacete, y he pensado que a lo mejor iban a estar mejor alojados en el hotel. Que, a ver, yo creo que me cabían en casa, pero están ustedes tan cerca que he pensado en llamar porque es una lástima estar todos tan apretados. Que tan apretados no íbamos a estar, porque mi casa no es tan pequeña, pero es que mi prima de Albacete es un poco especial ¿Sabe? y no quisiera yo una discusión como la de la última vez…

Yo no puedo evitar preguntarme qué parte de la palabra completos no ha comprendido la señora, pero aguanto el tirón.

-… y es que tenemos un sofá cama estupendo, que cabría mi prima y su marido estupendamente. Es que estos sofás cama de ahora no son como los de antes, que terminaba uno con la espalda destrozada, ¿sabe? pero ya le he dicho que mi prima es un poco especial, y su marido no vea, y estando ustedes tan cerca habría sido perfecto porque…-

-Ya, ya, señora, pero es que…- trato infructuosamente de cortar la disgresión.

-… que, a ver, una noche se pasa de cualquier manera y el sofá cama es estupendo. Pero siendo vecinos de ustedes, que yo a los dueños del hotel los conozco de hace años, que saludan por la calle y todo ¿sabe? pues me he dicho, va a ser mejor reservarles una habitación que estar todos aquí tan apretados. Que tan apretados tampoco íbamos a estar, y es que los hijos de mi prima, vamos, mis sobrinos, aunque como si no lo fueran, porque…

La segunda línea de la centralita se activa, y a mi se me alegra el alma. Es mi oportunidad.

-Disculpe, señora, tengo una llamada por la otra línea.

-No se preocupe, le espero, no tengo prisa.

-Obviamente- pienso aunque callo.

Contesto a la otra llamada con la esperanza de que nuestra vecina se canse y cuelgue. Es un largo número de teléfono con varios prefijos.

-Hotel Sauce buenas noches.

-Aló, buenas noches- contesta una voz con fuerte acento.

-Buenas noches, aquí el Hotel Sauce.

- Hola, buenas noches.

-Buenas noches ¿puedo ayudarle?

- Si, buenas noches.

- Aquí también es de noche- digo tratando de salir del bucle.

- Buenas noches, le hablo de Lima, Perú ¿Es el hotel Los Sauses de Zargoza?

-Más o menos, habla usted con el Hotel Sauce de Zaragoza, buenas noches.- comento quizá pasándome de gracioso.

-Estupendo, buenas noches (una vez mas) ¿Podría hablar con el señor Valdivia?

Consulto el listado de clientes y no aparece ningún Valdivia.

-Lo lamento, pero no me consta ningún señor Valdivia. ¿Está usted seguro de que es este el hotel en el que se aloja?

-Si, si completamente, hotel Los Sauses, de Zaragoza, debió haber llegado en el vuelo de la tarde.

En ese momento recuerdo la huelga de aereolineas y consulto las llegadas pendientes.

-Efectivamente, señor. El señor Valdivia tiene una reserva con nosotros, pero aún no ha llegado. Hay huelga de aereolineas y quizá su vuelo se demoró.

-¡Qué fatalidad! y ¿no sabe usted cuándo llegará?

-Me temo que no, pero puedo darle su recado cuando llegue.

-¡Qué amable! Dígale que llamó Anselmo, que me comunique urgentemente, pero que lo haga al celular, porque…

Suena la tercera línea de la centralita. Nuestra vecina sigue a la espera y el amigo del Perú continúa con su interminable recado.

-Espere un instante, ahora estoy con usted.

-Hotel Sauce, buenas noches.

-Hola buenas noches ¿Tiene habitaciones para el lunes que viene?

-Me temo que no, estamos completos.- digo cruzando los dedos y rogando por una corta conversación.

-¡Qué me dice, Cómo es posible! Es una lástima, porque tengo que visitar a mi prima y son ustedes casi vecinos. Vamos desde Albacete, y ya me veo durmiendo en ese horrible sofá cama, sabe, porque hay que ver qué mal se duerme en los sofás cama, y resulta…

Resulta que yo me quiero morir, y maldigo el infernal invento del señor Graham Bell.

 

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